Este es el segundo libro que
vamos a estar comentando en nuestro club de lectura, durante este mes. En esta ocasión estaremos realizando
publicaciones semanales presentando resumenes de algunos capítulos, que llamaron nuestra atención y posiblemente llame la de ustedes, invitándoles a adentrarse en esta
lectura.
La estructura del libro se
divide en cinco grandes temas: Los Cimientos, La Empresa, La Competencia, La
Carrera y Atar Cabos.
En este primer post estaremos
refiriéndonos al tema de LOS CIMIENTOS.
Welch pone de ejemplo la
Misión de General Electric, desde 1981 hasta 1995 afirmaban que iban a ser “la
empresa más competitiva del mundo”, para lograrlo debían situarse en el primer
o segundo puesto de todos los mercados en donde participaran, reformando,
vendiendo o cerrando negocios que por su bajo rendimiento no pudieran mantener
tales puestos. Dicha misión no dejaba lugar a dudas: era específica y
descriptiva, también muy ambiciosa.
Los Valores son conductas, son
específicos, reales y tan descriptivos que no dejan espacio a la imaginación.
Son el “como” de la Misión, el medio para lograr el fin. Los valores tenemos que tener claro que no
los vamos a formar en la empresa, ellos los aprendemos a lo largo de nuestra
vida en nuestro hogar.
Lo que propone el autor es que
todos deberían opinar acerca de los valores. “Conseguir la mayor participación
es esencial, pues es una fuente de inspiración e ideas y al final del proceso,
implica un nivel mucho mayor de aceptación.
Hay que evitar por todos los
medios que los valores sean vagos o crípticos. La claridad en los valores y las
conductas de nada sirve si éstos no se fomentan. Para lograr que los valores
tengan un significado real, las empresas deben recompensar a los que los
practican y “castigar” a quienes no lo hacen (sentar precedentes), esto
allanará el camino al éxito.
Debe existir una conexión o
coherencia entre Misión-Valores, ambos deben reforzarse mutuamente. Cuando no
se da esta dinámica, la empresa se puede ver dañada o hasta se puede destruir
un negocio.
La empresa, sus altos
directivos, los líderes de áreas deben trabajar arduamente por lograr que los
valores se vivan realmente, no sean un cuadro pegado en la pared, que
simplemente se vuelven parte del paisaje y únicamente salen a luz cuando hay
que tomar medidas “correctivas” por desviaciones con la conducta del personal.
Sobre todo, los Valores de la
empresa –al igual que en el hogar- se aprenden de mejor forma y se refuerzan a
través del ejemplo: los líderes deben ser los primeros en vivirlos. No hay nada
peor que un jefe que se la pase hablando de los valores a sus empleados, para
hacer evidentes su falta de cumplimiento a los mismos… y en el día a día o a la
vuelta el jefe es el primero que no los vive, sólo los tiene de la boca para
afuera…
“Definir una buena misión y
desarrollar valores que la apoyen lleva tiempo y exige compromiso. Implica
momentos dolorosos en que habrá que despedir a personas de nuestro agrado, pero
que no entienden la misión ni siguen los valores.
Cualquier persona que llega a
una empresa, sin conocer la cultura ni las personas, percibe (intuye) cuando la
Misión y los Valores realmente se viven o cuando sólo son un cuadro en la
pared.

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