Este mes que estamos hablando de los hábitos, encontré este breve artículo en la red sobre la formación de hábitos en los niños y adolescentes. Les copio textualmente una parte del mismo.
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¿Hábitos? ¿Quién los
forma?
¿Cómo se forman?
Su concepción de
disciplina surge de esta construcción subjetiva, que define su actitud ante la vida. Estará
presente en todo su quehacer y será modificada por las exigencias del medio
cultural en cuanto a comportamiento social se
refiere.
Los valores, ideas,
sentimientos, experiencias significativas definen los hábitos de cada ser
humano. Aquí la formación que reciba la persona, así como las demandas del
contexto (familia, escuela, trabajo, comunidad, etc.) serán la clave para ejercer un determinado
rol en la sociedad. Para ello, la labor de los docentes, los padres y los otros
más competentes son los llamados a colaborar en los procesos de
formación de la disciplina, para alcanzar los sueños y los
proyectos de vida de los niños y adolescentes que nos encomendó Dios.
En muchas ocasiones
observamos a padres y madres ofreciendo premios si sus hijos logran resultados
óptimos en la escuela. El éxito por sí mismo constituye la satisfacción personal que cada
estudiante debe interiorizar como su meta.
Sin embargo, lo primero
que debemos hacer para el mejor provecho del estudio es tener claras las metas.
El éxito en su cumplimiento reside en la búsqueda imperiosa de satisfacer una necesidad. Si los
padres abordamos todas las necesidades que tienen y tendrán nuestros hijos y no
les permitimos que paulatinamente ellos trabajen en la búsqueda de alternativas
para la solución de sus problemas, siempre dependerán de otros para lograr sus propósitos.
Desde las tareas
escolares hasta las labores que algunos consideran como insignificantes (tender
la cama, recoger el
plato o el vaso después de utilizados, o realizar una investigación sin la
supervisión de un adulto), deben efectuarse por la satisfacción individul de una necesidad:
mirar la habitación ordenada, obtener una buena calificación,
obtener un título, entre otros. De esto depende el éxito.
Frecuentemente escuchamos a padres de familia expresar su deseo de que a
sus hijos nunca les falte nada, y los miramos esforzarse por cubrir todas sus necesidades con el
fin de que no sufran o para mitigar la angustia por la
culpabilidad de no permanecer mucho tiempo con sus hijos.
A tal punto han llevado
su desesperación por evitar que sus hijos no se enfrenten con el fracaso, que a
menudo encontramos a
los padres pagando tutores continuamente para reforzar lo visto en clase y
asegurar un resultado satisfactorio en
exámenes.
En otros casos,
observamos a los papás y más usualmente a las mamás, llegar de sus trabajos a “sacar materia para sus hijos”.
Les hacen cuestionarios, simulacros de pruebas, preguntas orales, entre otras
muchas formas de asegurar el buen rendimiento. Sin
embargo, a menudo luego
viene la decepción. Nuevamente su hijo reprobó. ¡Pero si eso lo sabías! ¿Qué
pasó? Los tutores y los padres y madres que estudian la materia sí la comprendieron. ¿Por
qué el estudiante no?
Sencillamente no les
permitimos que por sí mismos inicien la búsqueda de alternativas para la
solución de problemas. Si un estudiante sabe que siempre tendrá quién aborde su
lagunas, sus tareas y sus conflictos, poco esfuerzo hará para comprender los
nuevos conocimientos.
En este sentido, son los padres los llamados primeramente a colaborar en la
conformación de la disciplina de su hijo, vista ésta como una actitud positiva ante la vida. Una
actitud que le
permitirá conocer sus
habilidades, sus talentos y sus áreas débiles. A partir de un conocimiento previo, requerirá
de andamios que le permitan organizar su tiempo y disponer de herramientas
nuevas para enfrentar las tareas que se le
presenten. Cuando por
algún motivo no logre
alcanzar la meta
propuesta, el estudiante sabrá que debe regresar y reiniciar la labor.
Sólo en casos particulares, será necesaria la ayuda de alguien más para aclarar nuevamente el panorama. Poco a
poco, irá configurando una madurez para enfrentar nuevos retos y por consiguiente niveles
más altos de desarrollo.
Tomado del sitio www.psicopedagogia.com/habitos

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