En el prólogo conocemos la historia previa a los días en cautiverio. Frankl era un psiquiatra de renombre en su país natal, Viena. Previo a los días de persecución, acababa de ser nombrado director del área de neurología de un conocido Hospital del país.
También era bastante escuchado su nombre en los círculos intelectuales, ya que su ideología chocaba de frente con las dos personalidades que dominaban en ese entonces el terreno de la terapia: Freud y Adler.
En el ámbito familiar todo era paz y sosiego, recién acababa de contraer nupcias. Esta situación chocaba de frente con lo que se vivía en la calle: la invasión nazi provocó una aguda agitación social y política, creando en el ambiente miedo y zozobra. Ya había empezado la destrucción de sinagogas y el encarcelamiento. Los Frankl pensaron que la única alternativa sensata era la huida. La hermana de Viktor escapó a Australia, su hermano intentó una salida como asilado político en Italia, pero fueron capturados por los nazis y con su familia fueron confinados al campo de Auschwitz, y allí murieron.
Viktor había conseguido una visa Americana, lo que además de librarle de la captura le habría una puerta ancha a la oportunidad de desarrollarse y defender sus teorías psiquiátricas. Pero sus padres no lograron conseguir su visa, por lo que corrían el riesgo de ser capturados, además ya estaban bastante viejos y sin ninguno de sus hijos el futuro era incierto.
(Aquí inicia un punto bastante importante en la vida de Viktor, un momento de una decisión trascendental para su vida…)
Se encontró ante una disyuntiva: ¿debía atender a sus padres o proseguir una esperanzadora carrera? ¿Asegurar su matrimonio o ayudar a su familia en su incierta suerte?.
Reflexionaba al respecto y se decía que en momentos así “es cuando uno siempre espera una señal del cielo”.
Cuando llegó a su casa encontró un pedazo de mármol sobre el aparador y le preguntó a su padre de qué se trataba. El papá le dijo que era un pedazo de mármol de los escombros de la sinagoga que habían destruido. Era un pedazo de los 10 mandamientos y que el signo en hebreo que tenía grabado era el mandamiento de: “Honra a tu padre y a tu madre, para que vivas por mucho tiempo en la tierra”…
… Así que me quedé en la tierra…, junto a mis padres, y dejé vencer la visa.
REFLEXIONES
Esta frase final sella el destino de Frankl, ya que tuvo en sus manos poder huir a Norteamérica y conseguir su éxito personal. Pero el decidió quedarse, porque encontró la señal que quería.
Este fragmento me trae a la mente a reflexionar sobre las decisiones, esas que tomamos a cada momento, y hasta la gente que no quiere tomar decisiones, finalmente las toma: ¡porque deciden no tomar una decisión!.
Generalmente no tomamos una decisión porque no queremos hacernos responsables de nuestros actos, es más fácil dejar las decisiones a la suerte, al cosmos, a las fuerzas superiores, (… o a tu padre, madre, esposo, esposa, amigos, colegas, jefe, etc.), porque eso nos libra de las consecuencias que puedan generar.
Este fragmento nos invita a reflexionar de que, aunque esperemos una señal y esa señal se cruce enfrente de nuestras narices, somos nosotros quienes TENEMOS QUE TOMAR UNA DECISIÓN, para bien o para mal. Tenemos que empezar por hacernos responsables de nuestras decisiones y lo que de ello generen.
He visto que personas a mi alrededor no toman una decisión, yo muchas veces he dejado de tomar decisiones, y lo que más paraliza es “el miedo al fracaso”, como a veces queremos ganar en todo, así mismo pasa que “perdemos todo”: la posibilidad de crecer, aprender, crear experiencia, ser más sabios. No tomar decisiones significa muchas veces nuestra desesperanza, nuestros arrepentimientos, entonces si ya probamos que se siente no actuar y decidir ¿por qué no intentar algo diferente y tomar una decisión?.
HAGA DE TOMAR DECISIONES UN HÁBITO
Comience poco a poco a tomar decisiones, comience por cosas pequeñas, o acaso no le ha pasado que se encuentra preguntándose cosas tan pequeñas y absurdas como: qué color de ropa me pongo hoy?, tomo este o el otro camino para llegar a X lugar, 2 o 3 cucharadas de azucar? ... mejor decidí tu!!!
Comience con esas decisiones pequeñas. Sobre todo y muy importante, mentalícese que tarde o temprano (ojalá que más temprano que tarde) tiene que fracasar o “meter la pata”, y lo digo porque así tiene que ir aprendiendo a través de ese proceso. Decisiones pequeñas, fracasos pequeños que no le dolerán mucho.
Por otro lado: usted no es DIOS (o como le llame), ningún ser en la tierra, en toda la historia de la humanidad, puede vanagloriarse de nunca haber cometido errores o tenido fracasos. Todos ganamos y perdemos, acertamos o nos equivocamos. Propóngase una decisión al día de forma voluntaria y deliberada. Haga el ejercicio 40 días seguidos (... y por qué 40 y no 30??), pues hagalo 20 o 25 días seguidos, pero hágalo.
Imagínese al Dr. Frankl que en el mismísimo momento de haber decidió quedarse con sus padres le hubiera pasado por la mente la idea de “… qué hice!!!, voy directo a la cámara de gas, si allá me está esperando mi éxito, mi bienestar, mi gloria”, seguro que no hubiera sobrevivido ni su primera semana en el campo de concentración.
Desarrolle su capacidad de enfrentar el fracaso. Otro punto importante, cuando tome una decisión, procure eliminar dudas y arrepentimientos. Esta es una parte difícil de manejar al inicio, porque uno puede caer en pensar “… pero si esto no era lo que esperaba y todo por tomar una decisión”. Tomar una decisión le fortalece el Espíritu, le hace más libre, le ayuda a crecer como ser humano. Imagínese si tomar decisiones fuera como el proceso de crecimiento de nuestro cuerpo o como desarrollar un músculo. Muchos estaríamos o enanos o con el cuerpo atrofiado... Recuerde: ¡todos fracasan o han fracasado o cometido errores!. Si tomó una decisión y no obtuvo lo que esperaba, al final del día váyase a dormir y si mañana abre los ojos, reciba el regalo de un día más de vida, el regalo de poder rectificar y no volver a cometer el mismo error.
Cuando uno está en momentos difíciles de su vida y tiene que tomar decisiones, es cuando se pone a prueba la fuerza de ese músculo. Si ejercitó lo suficiente, resistirá las fuerzas contrarias y podrá salir adelante, pase lo que pase.
Busque las señales externas (así como el pedazo de mármol), pero tenga presente que de nada sirven las señales si cuando las tenemos enfrente nos decimos “será que esta es la señal que esperaba”…
El amor movió al Dr. Frankl a tomar su decisión. Tenía un propósito: “honrar a su padre y madre”. Vio las señales que pidió, tomó una decisión, actuó y no tuvo dudas ni remordimientos. Tuvo una determinación inflexible (eso no significa que no tuviera pesar, miedo o terror).
Dése la oportunidad de experimentar qué se siente cuando toma una decisión. Enfrente su miedo a fracasar.
¿A quién ama?¿Qué busca?¿Cuál es el propósito escondido detrás de toda esa falta de sentido en la vida?.
Keep moving forward…
Si sabe de alguien a quién le puede ayudar esta lectura, recomiéndela. Ayudemos al mundo a encontrar ese propósito y sentido a la vida.

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