La mayoría de los sucesos que aquí se describen ocurrieron en los pequeños campos donde se llevó a cabo la mayor parte del exterminio real y no en los campos grandes y famosos…
El relato se acerca a los prisioneros corrientes, aquellos sin ningún brazalete o distintivo – lo que exasperaba a los Kapos-. El kapo era el preso que gozaba de la confianza de los alemanes y con los cuales colaboraban en las tareas represivas y de control, siendo recompensados por ellos con ciertos privilegios.
SELECCIÓN ACTIVA Y PASIVA
Quienes no han estado en un lager (campamento) es difícil de imaginar o desconocen por completo la dura batalla por la supervivencia, la lucha por un trozo de pan cada día, por salvar la propia vida o la de un buen amigo.
A los prisioneros se les consideraba un número. Al momento de ingresar a un lager se les despojaba de todas sus pertenencias, incluso de sus documentos personales, lo que aprovechaban algunos para cambiar de identidad o profesión y evitar con esto que fueran trasladados o llevados a las cámaras de gas o a otro campamento. Era claro a donde iban a parar aquellos prisioneros débiles y enfermos: a la cámara de gas. Allí nadie vivía sin que otro muriera.
El proceso de selección de los capos era de tipo negativo: se escogía para este cargo exclusivamente a los prisioneros más brutales (selección activa). También había un tipo de selección pasiva que se daba dentro del campo. Por lo general sobrevivían aquellos prisioneros que eran endurecidos por las circunstancias y perdían todos los escrúpulos. Eran capaces de cualquier cosa, por cualquier medio, incluso robar o traicionar a sus compañeros.
EL INFORME DEL PRISIONERO N° 119.104
Menciona el Dr. Frankl que su intención de crear este ensayo psicológico era describir desde su experiencia y perspectiva de psiquiatra, cómo el prisionero normal vivía la vida en el campo y cómo esa vida influía en su psicología.
… Una vez haciendo determinada tarea tuvo la suerte de recibir una especial recompensa: dos “cupones de regalo” que recibí justo antes de la Navidad de 1944. La empresa constructora pagaba a las autoridades del lager un precio fijo por día y prisionero, prácticamente eran esclavos. Los cupones de regalo constituían un capital preciado, porque se podían canjear por cigarrillos. Un cupón equivalía a 6 cigarrillos. Cada cigarrillo se podía cambiar por una ración de sopa, y esas 12 raciones de sopa representaban un verdadero alivio para el hambre durante un par de semanas.
Los prisioneros comunes jamás se fumaban sus cigarros, se cambiaban por comida. Sólo los Kapos tenían el privilegio de fumárselos. Si un prisionero común se fumaba sus propios cigarrillos era un mal presagio: un signo inequívoco de la pérdida de voluntad de vivir y un abandono fatalista para disfrutar al máximo de los pequeños placeres en los últimos días de su vida. Significaba haber renunciado a la supervivencia y una vez perdida la voluntad de vivir, raramente se recuperaba.
PRIMERA FASE
INTERNAMIENTO EN EL CAMPO
Se pueden distinguir 3 fases en la psicología de los prisioneros: una PRIMERA FASE que sigue inmediatamente a su internamiento, una SEGUNDA FASE de adaptación a la vida del campo, y una TERCERA FASE que comienza con la liberación.
El síntoma característico de la primera fase es un shock agudo e intenso, que puede presentarse antes de la entrada formal del recluso al campo:
Mil quinientas personas viajábamos en tren durante varios días y noches. Cada vagón estaba abarrotado con ochenta personas tumbadas encima de su equipaje… sólo quedaba libre la parte superior de las ventanillas, por donde pasaba la claridad grisácea del amanecer. Todos anhelaban que fueran enviados a una fábrica de municiones, pues allí serían trabajadores forzados.
Por fin nos detuvimos en la estación. El silencio inicial se rasgó por las estridentes voces de mando: a partir de ahí escucharíamos esos gritos chillones y bruscos en todos los campos.
La psiquiatría conoce un estado de ánimo denominado la “ilusión del indulto”, que es un mecanismo de amortiguación interna percibido por los condenados a muerte justo antes de su ejecución; en ese momento conciben la infundada esperanza –sin que exista ningún dato real- de ser indultados en el último minuto.
Metieron a unas mil cien personas en una barraca acomodada para albergar a unas doscientas como máximo, mientras esperábamos el traslado a otros campos más pequeños. Un trozo de pan de unos ciento cincuenta gramos fue nuestro único alimento durante cuatro días.
En los campos tenían un método de selección de los prisioneros, donde separaban a los fuertes para trabajar de los débiles o enfermos: el oficial movía con parsimonia el dedo índice de su mano derecha hacia un lado o hacia el otro, hacia la derecha o la izquierda. Alguien me susurró que a la derecha implicaba trabajos forzados, mientras que a la izquierda era para los enfermos o incapaces, a quienes trasladarían a un campo especial.
Al atardecer nos explicaron el significado del “juego del dedo”. Se trataba de la primera selección, el primer veredicto sobre nuestra aniquilación o nuestra supervivencia…
REFLEXIONES SOBRE LA LECTURA
En esta parte de la lectura, el Dr. Frankl nos habla de la primera fase que sufre un prisionero en los campos de concentración. Elaborando sobre la lectura, reflexiono sobre dos puntos que pueden compararse con nuestra realidad en algún momento:
LOS KAPOS ENTRE NOSOTROS
Eran esos prisioneros privilegiados que, siendo judíos, eran capaces de matar a los suyos por tener sus privilegios. Podían mentir, golpear, traicionar, ver morir o hasta matar a sus compatriotas, todo por su propia gratificación, por su status dentro del lager.
Ahora bien, dígame si no le parece familiar el tipo de conducta y la imagen de un kapo?
Efectivamente, veo a nuestra sociedad actual, a los ciudadanos de X o Y país, a los empleados en una empresa y ahí veo kapos: ese tipo de gente que no le importa sobre quién pase encima, que no le importa quién pueda sufrir, con tal de lograr sus ambiciones. Tener ambiciones no es en sí negativo, sólo cuando se llega al punto de que nuestras ambiciones puedan hacerle daño a alguien más.
Veamos en la empresa: aquel empleado que parece “hiena hambrienta”, con un hambre de ambiciones atroz!!. Es del tipo que sólo falta que se ponga de alfombra para que pase el jefe (en este caso el jefe simbólicamente representa a los oficiales a cargo de los campos de concentración). Aunque no tenga las competencias necesarias para hacer bien su trabajo (él o ella saben perfectamente que no tienen las competencias para lo que tienen que hacer…) entonces buscan la manera de que no sean despedidos o evidenciados. Se valen de artimañas para dar una buena imagen, utilizando a veces la realización de “actividades extralaborales” (you know what I mean). Este tipo de personas son poco queridos por sus compañeros, porque saben que no sólo no hace nada, sino que lo que hace no lo hace bien y terminan ellos haciendo el trabajo que le corresponde… y el jefe no les dice nada!!!, pareciera que en lugar de ello son protegidos y tienen privilegios.
En estas situaciones los otros terminan siendo los prisioneros de un sistema injusto, a veces déspota, que alienta el “culebrismo”, desmotivándose, perdiendo el sentido de qué significa un lugar de trabajo digno para desarrollar todas las capacidades personales. En lugar de tener un positivo y motivante clima organizacional, viven en su propio “campo de concentración”.
LA ILUSIÓN DEL INDULTO
Me llamó la atención este estado de ánimo que conoce la psiquiatría, puesto que su descripción se puede asemejar a sentimientos que experimentamos en algunos ámbitos de nuestras vidas.
Díce el Dr. Frankl: La psiquiatría conoce un estado de ánimo denominado la “ilusión del indulto”, que es un mecanismo de amortiguación interna percibido por los condenados a muerte justo antes de su ejecución; en ese momento conciben la infundada esperanza –sin que exista ningún dato real- de ser indultados en el último minuto.
Remarco la palabra INFUNDADA porque es lo que hace la diferencia a “tener esperanza”, o “fe” de que algo pueda o no pueda suceder.
Desde mi perspectiva muy personal, si hay “esperanza” o “fe” debe haber de por medio acciones que muevan el Universo y confabulen para que lo deseado o esperado se dé. Una fe o esperanza infundada es semejante al mendigo que sólo alarga la mano para pedir limosna, lo que los demás (el destino, la suerte, alguien que se compadezca, etc.) le “puedan dar” aunque sean las sobras.
Este fragmento me invitó a reflexionar acerca de fe y esperanza, ley de atracción, actuar, propósito.
Muchas veces tenemos la “ilusión” o la esperanza infundada de que las circunstancias adversas o negativas van a cambiar o pueden cambiar por arte de magia, sólo con chasquear los dedos, sin que haya “ningún dato real” de que estamos haciendo algo (actuando) o cambiando algo dentro de nosotros para que el exterior también cambie. Si no hacemos nada no atraemos nada (ley de atracción).
Nunca le entregue a nadie el poder para que con su dedo acusador sea quién decida sobre su vida (como hacían los oficiales nazis con los prisioneros del campo): ni a la derecha para que viva una vida de sentimientos forzados, ni a la izquierda para que lo lleve directo a la camara de gas de la desesperación, la depresión y el abandono. Usted es quién decide sobre su vida, libérese.
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Espero que la lectura le lleve a obtener otras reflexiones personales y le ayuden a seguir fortaleciendo su líder interior.